Gender justice
Gender justice
El término “masculinidad tóxica” se usa con frecuencia en el ámbito del desarrollo internacional: aparece en documentos estratégicos, propuestas de financiamiento y paneles de conferencias. Hacia finales del año pasado, Global Fund for Children publicó un artículo en Alliance Magazine en el que proponía una manera distinta de abordar los problemas estructurales de género.
A raíz del lanzamiento del documental de Netflix Inside the Manosphere, queremos dejar aún más clara nuestra postura como organización. En GFC no utilizamos el término “masculinidad tóxica” en ningún contexto. No es porque queramos evitar conversaciones difíciles, sino porque creemos que este tipo de lenguaje tiende a presentar a los niños —y a su masculinidad— como el principal problema a resolver cuando se habla de violencia de género.
Lo que el término hace —y lo que no hace
“Masculinidad tóxica” es un término que se ha vuelto ampliamente conocido en la opinión pública durante la última década, y en años recientes su uso se ha visto reforzado por contenidos mediáticos de alto impacto. La serie de Netflix Adolescence, estrenada en 2025, provocó una fuerte reacción global que, a primera vista, puede parecer positiva. Reavivó conversaciones sobre niños y masculinidades, radicalización en línea y redes sociales, temas clave para proteger a la niñez.
En el Reino Unido, algunos actores políticos influenciados por la serie utilizaron el término “masculinidad tóxica” para insistir en que se debía hacer más para combatir la violencia contra mujeres y niñas. Sin embargo, también surgieron voces críticas que señalaban que la serie reforzaba la idea de que “los niños son el problema”. En este sentido, advirtieron que una respuesta mediática podría pasar por alto las causas de fondo y, además, alejar a niños y hombres jóvenes que sienten que son vistos como perpetradores potenciales que necesitan ser “corregidos” únicamente por su identidad de género.
Muchas organizaciones del sector social están cuestionando el uso de este término y llamando a cambiar el lenguaje, apoyándose en evidencia contextual, académica y de encuestas que sugiere que “masculinidad tóxica” no debería utilizarse en contextos prácticos. Una encuesta de 2020 reveló que el 85% de las personas encuestadas no se sentían cómodas con el término, y otras investigaciones del Centre for Male Psychology indicaron que su uso puede afectar negativamente el bienestar mental de los hombres.
En GFC creemos que este término tiende a individualizar y estigmatizar, en lugar de centrarse en las causas estructurales; presenta a los niños y a los hombres como el problema a resolver, en vez de reconocerlos como personas con capacidad de decisión y acción; y, en los contextos donde trabajamos, incorpora marcos culturales ajenos que pueden debilitar la confianza y el sentido de apropiación por parte de las comunidades.
Lo que GFC ha aprendido de sus organizaciones socias
GFC financia a múltiples organizaciones alrededor del mundo que trabajan para educar y acompañar a niñas, niños y jóvenes a abordar este tema desde un enfoque positivo. Un ejemplo es Asociación SERniña, una organización liderada por jóvenes en Guatemala que promueve la igualdad de género y el empoderamiento de la niñez y la juventud para que alcancen su máximo potencial. En colaboración con escuelas y grupos comunitarios en Chimaltenango y Sacatepéquez, SERniña realiza talleres sobre igualdad de género, liderazgo y masculinidades saludables. Esto incluye un programa de acompañamiento integral para niños y jóvenes llamado SerNiño.
Lanzado en 2018, el programa SerNiño apoya a los niños a reconocer y cuestionar las expectativas sociales, al mismo tiempo que los anima a tomar decisiones conscientes sobre el tipo de hombres que quieren ser y cómo quieren vivir. Les ayuda a encontrar su propia voz y a convertirse en compañeros, padres y líderes comunitarios más reflexivos, así como a ser más auténticos consigo mismos. El trabajo de SERniña con niños enfatiza que existen muchas formas cuidadosas, equitativas y significativas de ser hombre.
En 2024, con el apoyo de GFC, lanzaron un programa llamado “Laboratorio de Masculinidades Jóvenes”. Esta iniciativa capacita a un grupo de jóvenes para promover activamente la justicia de género en sus comunidades.
Dentro de este laboratorio, los niños y jóvenes son involucrados desde la escucha y la colaboración, en lugar del juicio o la reprimenda. El enfoque prioriza la creación de un espacio seguro y respetuoso donde los varones puedan sentirse escuchados, valorados y motivados a reflexionar, fomentando la confianza y posibilitando una participación más profunda y duradera.
Los programas de Asociación SERniña están generando impacto: el número de casos de violencia reportados por los participantes disminuyó en un 45%, y el 79% reportó experimentar menos violencia en sus hogares después de completar el programa.

Por qué enfocarse en lo que se puede ganar lo cambia todo
La idea de “masculinidad tóxica” suele centrarse en lo que los niños y hombres deberían dejar de hacer. En cambio, el enfoque de GFC los invita a pensar en lo que pueden llegar a ser. Al pasar de una mirada centrada en las carencias o los “problemas” a otra que reconoce el potencial y las posibilidades, los niños y jóvenes se involucran más. Participan no porque se les diga que son el problema, sino porque entienden que pueden ser parte de la solución.
Al mismo tiempo, no vemos a los niños y jóvenes únicamente como “proyectos a futuro”. Los escuchamos y buscamos comprender sus necesidades en el presente. Los acompañamos en procesos de autodescubrimiento y en la construcción de formas de ser hombres más libres, más allá de los roles y definiciones de masculinidad impuestos por la sociedad.
Empoderar a la niñez para que alcance su máximo potencial implica invitar a los niños a ser aliados, no obstáculos, de la justicia de género.
Lo que esto implica para la filantropía y quienes financian a nivel global
El lenguaje que se utiliza en los procesos de financiamiento no es neutral: influye en qué se financia, en cómo las organizaciones presentan sus propuestas y en cómo se posiciona a las comunidades frente a quienes financian.
Cuando organizaciones globales usan el término “masculinidad tóxica” como una forma abreviada de nombrar el problema, corren varios riesgos importantes. Primero, pueden introducir marcos de análisis que las propias comunidades no han definido ni adoptado. Segundo, pueden debilitar alianzas con organizaciones que trabajan de manera positiva con niños y hombres. Y, por último, tienden a simplificar problemas estructurales complejos reduciéndolos a cuestiones individuales, que pueden ser más fáciles de identificar, pero más difíciles de abordar con un financiamiento adecuado.
Esta es otra razón por la que el modelo de financiamiento de GFC —flexible, de largo plazo y liderado por las comunidades— resulta tan importante. Las comunidades locales son quienes mejor pueden enfrentar estos desafíos desde sus propios contextos culturales y sociales.
Sabemos que esto no es sencillo y que el lenguaje no es el único desafío. Aun así, creemos que es clave seguir haciéndonos algunas preguntas: ¿qué comunica nuestro lenguaje a las comunidades que financiamos? ¿A quién pone en el centro? ¿Qué posibilidades abre?
Acompañar a las niñeces para que alcancen su máximo potencial implica invitar a los niños a ser aliados, no obstáculos, en la construcción de la justicia de género.