Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semilla

By Rodrigo Barraza García | July 12, 2019 | The Americas | Freedom from Violence & Exploitation

Nota del editor: Esta publicación también está disponible en inglés.

Reflexiones sobre el Encuentro Transnacional “Florecer Aquí y Allá”

si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro
usted preguntará ¿por qué cantamos?

cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta

cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza. 

M. Benedetti

15 de mayo de 2019. Stephanie, una niña guatemalteca de 10 años, murió al interior de un centro de detención migratoria del Instituto Nacional de Migración ubicado en la Delegación Iztapalapa en la Ciudad de México. Stephanie murió en un centro migratorio mexicano. Su muerte se suma a la de otros siete menores que han muerto en custodia de autoridades migratorias estadounidenses.

26 de junio de 2019. José Delgado, migrante de 54 años de origen mexicano y con 35 años viviendo en los Estados Unidos, muere tan solo tres meses después de ser deportado. A pesar de tener conocimiento de su enfermedad crónica, los gobiernos de México y Estados Unidos le negaron una y otra vez la atención médica necesaria para un retorno digno y para salvar su vida.

Más y más todos los días, escuchamos historias como estas. El horror cotidiano. La muerte como espectáculo. La injusticia creciendo en todos lados.

Nuestros corazones duelen y nuestras mentes se llenan de preguntas. ¿Por qué sigue pasando esto? ¿Por qué la violencia y el odio parecen ser más fuertes? ¿Por qué no podemos actuar como hermanos y hermanas? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ?

Frente a tanto dolor, socios como Otros Dreams en Acción (ODA) siempre nos recuerdan el creer en la esperanza. No como una utopía, sino como algo que debemos construir todos los días. Juntos.


Mujeres y niñas con una pancarta que muestra su visión para el futuro de México. © Fondo Global para la Niñez

Ubicados en la Ciudad de México, Otros Dreams construye redes y oportunidades para el apoyo mutuo y el empoderamiento de jóvenes deportados. Este es un esfuerzo para crear un espacio comunitario dónde la gente puede unirse e intentar contrarrestar el trauma de la deportación.

ODA ha abierto un espacio seguro llamado [email protected] House, el cual funciona como un lugar en el que las personas migrantes pueden acceder a internet, reunirse con activistas y abogados, coordinar actividades, encontrar apoyo social y participar en talleres artísticos creativos. Con sus múltiples eventos y actividades, [email protected] House busca apreciar, celebrar y afirmar “una nueva cultura híbrida y multifacética en México, la del Spanglish, la del exilio, y el reclamo de una pertenencia aquí y allá”.

Es en este espíritu de inclusión y solidaridad que el día 6 de julio, ODA convocó a cientos de organizaciones en México, Centroamérica y Estados Unidos para bailar, reír, crear y denunciar alrededor de 6 propuestas compartidas:

  1. Abolición de la detención migratoria
  2. Rechazo a la separación familiar
  3. Respeto a las comunidades diversas
  4. Seguridad e inclusión de la población migrante
  5. Acceso igualitario a salud y educación
  6. Las personas antes que los papeles

El evento principal de esta iniciativa llamada “Florecer Aquí y Allá” tuvo lugar en el Zócalo de la Ciudad de México, dónde se creó un Mandala de semillas para recordarnos que las y los migrantes no están solo y que, en tiempos de muros, aún podemos crear puentes que nos acerquen.

Que la violencia se combate con solidaridad. El miedo con amor. La injusticia con creatividad y organización. Y que aún los desiertos más secos pueden florecer.


Tomándose la mano delante del Mandala de semillas. © Fondo Global para la Niñez

Luego, empezó la música. Desde el hip hop feminista hasta bandas que mezclan la música mexicana con el rock norteamericano para reivindicar su doble pertenencia.

Desde Nueva York hasta San Pedro Sula, todos y todas bailamos y cantamos estas letras: “Camino, para ese norte es mi destino, entre vagones y la luna, como el que busca salvación… Fuego, yo tengo un fuego por dentro, no lo puedo apagar, no lo quiero apagar… Sueños, yo tengo un sueño por dentro, no lo puedo apagar, no lo quiero apagar”.

Los niños y los jóvenes participaron en diferentes talleres, desde crear máscaras para crear la experiencia migratoria hasta el dibujar múltiples caminos para conectar y crear con las y los otros.

Un niño con una máscara en el encuentro Florecer Aquí y Allá. Entre otras frases, dice: paz; no estás solo; la discriminación es deshumanización. © Fondo Global para la Niñez

Y las organizaciones que defienden a la población migrante pudieron compartir sus estrategias y necesidades con las y los demás. Y pedir ayuda. Y se sintieron escuchados. ¡Fue tan poderoso!

Y me fui de ahí con el espíritu renovado, con el corazón lleno y con las palabras de Jill Anderson, co-directora de ODA, resonando en mi cuerpo y en mi corazón:

Florecer Aquí y Allá es nuestro intento de plantear una historia más amplia y más real de lo que muchas veces escuchamos sobre la migración y las personas migrantes

Somos muchos y muchas quienes buscamos cuidar y dignificar la vida, y por eso queremos caminar junto con nuestros hermanos y hermanas desplazadas.

Somos muchos y muchas quienes tenemos a nuestra familia repartida en más de un país. Con pasados y futuros en más de un país. Con lazos profesionales y personales en más de un país. Y somos muchos y muchas quienes hemos respondido a este llamado para luchar con dignidad y humildad. Los que exigimos que estos sistemas de explotación no sean más el horizonte de nuestras realidades.

Somos muchos y muchas quienes vivimos el exilio de nuestras familias y comunidades. Los que hemos sido perseguidos, detenidos y encarcelados.

Por todo eso, Florecer Aquí y Allá es la invitación de brotar, aunque no siempre sea fácil. Florecer suena bonito, pero es un proceso doloroso. Dejar una semilla y brotar duele. Es díficil, pero vale la pena.

Estamos aquí para reconocer y denunciar este momento fatal. Pero también, con la esperanza de construir algo nuevo, sabiendo que la vida continua, y que bailando y cantando agarramos fuerza para nacer y renacer como comunidades translocales aquí y allá. Conectados a través de las mismas fronteras que intentan dividirnos.

No están solos ni solas en este sueño. Esa es mi única certeza en un mar de dudas y preguntas. Y es, al fin y al cabo, la única certeza que necesito para seguir caminando.

Por favor, sueña con nosotros.

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