Convirtiéndome en una luchadora: La historia de Nancy

By Global Fund for Children | February 23, 2021 | The Americas | Gender Equity, Youth Empowerment

Este blog fue escrito por Nancy Yomira Roblero Pérez, Fundadora y Directora de Jóvenes por el Cambio. También está disponible en inglés.

Aprender a boxear ayudó a Nancy a sentirse fuerte y a conectarse con otros jóvenes activistas, inspirándola a crear Jóvenes por el Cambio. 

Me llamo Nancy, tengo 25 años y soy de San Marcos, Guatemala. Esta es mi historia.

Toda mi vida he sido una luchadora. Siento que esa es la cualidad que más me define. ¿Quieren saber por qué?

1. Una luchadora nunca se conforma

Desde que era niña, siempre fui rebelde. Eso me decía mi mamá.

San Marcos es un lugar humilde, lleno de personas trabajadoras, pero con muy pocas oportunidades.

La mayoría de la gente sueña con irse a los Estados Unidos y comenzar una nueva vida. Migran desde muy jóvenes, solo terminan la secundaria y a los 14 años hacen sus maletas y se van. Muchos mueren en el camino. Muchos se olvidan de dónde vienen. Casi todos se van para no volver.

En mi casa, luchábamos para sobrevivir. Todo era trabajo y más trabajo. A veces no nos veíamos en todo el día porque siempre estábamos trabajando. Comíamos sin hablar, de lo cansados que estábamos.

Pero yo quería estudiar. Mi sueño era estudiar Relaciones Internacionales para viajar por el mundo, y ser una deportista reconocida.

A young woman participating in a migration conference.

Nancy Yomira Roblero Pérez, la fundadora de Jóvenes por el Cambio, participando en una conferencia en Ecuador. © Jóvenes por el Cambio

Mi familia no lo entendía. “Deja de perder el tiempo”, me decían, “mejor consigue un trabajo de tiempo completo para que aportes a la casa”. “De nada sirve que estudies”, “preocúpate en aprender a cocinar para que te cases pronto”, “si sigues pensando así vas a vivir frustrada”.

Nunca dejé que nadie me arrebatará mi derecho a soñar. A pesar de las burlas de mis compañeros, de la incomprensión de mi familia, de las dudas, de la soledad.

Nadie ha sido capaz de quitarme mi sonrisa y mis ganas de creer en mí misma. Aunque a veces no sé exactamente a dónde voy, sigo caminando.

2. Una luchadora nunca se rinde pesar de las adversidades

El camino era difícil, pero nunca me quejé. Estaba decidida a encontrar mi propósito en la vida.

A los 17 años, conocí el boxeo. Nos habían dado algunas demostraciones en la escuela así que decidí probar y anotarme para tomar clases de manera regular.

¡La sensación fue indescriptible! Por primera vez en mi vida, me sentí completamente libre. Aprendí los límites y las capacidades de mi cuerpo. Aprendí a recibir golpes y a levantarme. Aprendí que la constancia y la disciplina siempre te hacen mejorar. Me hice más fuerte. Física y mentalmente.

Las burlas se volvieron más intensas. Mi familia no quería darme permiso de entrenar. Y otros jóvenes me gritaban insultos en la calle.

“Ahí va la marimacha”, “¿Estás loca? Te van a lastimar, ese es un deporte para hombres”.

Me costaba combinar el entrenamiento con la escuela y con mis obligaciones en la casa. A veces estaba tan cansada que ni llorar podía.

A pair of boxing gloves hanging on the wall.

El boxeo ayudó a Nancy a sentirse fuerte y libre. © Jóvenes por el Cambio

Muchas veces pensé en abandonarlo, pero me bastaba entrar al ring y sentir esa descarga de energía. Todas mis preocupaciones, tristezas y frustraciones se quedabas atrás. No hay nada mejor que recibir un golpe y saber que al final no pasa nada, que sigues viva, que puedes levantarte y responder.

El boxeo me enseñó que soy mujer, y soy fuerte. Que no importa cuántas veces me caiga, mientras esté dispuesta a levantarme y seguir peleando. Cada golpe es solamente un nuevo aprendizaje.

Poco a poco, fui conociendo a otros jóvenes como yo. A otros luchadores y luchadoras. Nos preocupaba nuestra ciudad, veíamos muchos problemas: pobreza, machismo, contaminación… Nos dolía mucho ver a tantos niños y jóvenes queriendo escapar. No era justo sentir que vivíamos en una cárcel.

Así que decidimos crear una organización. Le pusimos “Jóvenes por el Cambio” porque eso queríamos: transformar nuestra comunidad, mejorarla. Demostrarles a todos que no estábamos aquí solo para callarnos y obedecer. Que teníamos mucho que ofrecer. Y merecíamos ser escuchados.

3. Una luchadora nunca deja de inspirar a los demás

Solo teníamos el nombre y un sueño. No teníamos nada más.

Comenzamos a vender comida en la calle para recaudar fondos y hacer actividades. Hicimos una campaña de recolección de basura, comenzamos a dar talleres de educación sexual, y hacíamos obras de teatro en la calle para informar sobre los derechos de las personas migrantes. Dábamos clases de boxeo, sobre todo para empoderar a niñas y jóvenes y que se dieran cuenta que no debían ponerse límites y que podían combatir los estereotipos, la violencia y la discriminación. Dentro y fuera del ring.

Muchos jóvenes se fueron desanimando porque querían cambios rápidos. Solo algunos decidimos seguir adelante. Me eligieron directora y fue uno de los días más felices de mi vida.

Poco a poquito, otras organizaciones comenzaron a acercarse. Adultos que solo querían usarnos y decirnos que hacer. Solo querían aparentar que les importaba la juventud, pero no nos escuchaban.

Seguimos buscando oportunidades, y logramos vincularnos con organizaciones de México y Guatemala que apoyaban a las comunidades migrantes. Por primera vez nos sentimos escuchados y respetados. Gracias a ellas y ellos, aprendimos nuevas estrategias y metodologías para inspirar a otros jóvenes.

Children participate in a boxing activity.

Jóvenes participando en una actividad de boxeo liderada por Jóvenes por el Cambio. © Jóvenes por el Cambio

Un día, recibí una llamada: “Hola, soy del Fondo Global para la Niñez y me gustaría conocer su organización”. Pensé que era una broma. No teníamos oficina ni registro legal. En ese momento sólo éramos 5 jóvenes que se reunían en una cochera con ganas de cambiar el mundo.

Compartimos nuestros sueños y esperanzas. Y dos meses después recibimos la noticia: ¡iban a apoyar nuestro trabajo! Que alguien creyera en nosotros como jóvenes fue el impulso que necesitábamos. Todo cambio a partir de entonces.

4. Una luchadora nunca deja de asombrarse

Tres años después, no dejó de asombrarme de lo mucho que hemos crecido. Ahora somos un equipo de 30 jóvenes, hemos viajado a Colombia y a México, tenemos nuestras propias oficinas y nuevos apoyos de fundaciones y del gobierno. Y hemos desarrollado nuevas iniciativas para niñas y mujeres. Para que se sientan libres y poderosas.

Y GFC sigue caminando a nuestro lado. Su modelo es diferente porque se preocupan por nosotros, y no buscan solo enseñarnos sino también aprender de nosotros y crecer juntos. Respetan nuestra autonomía y nuestras decisiones. Nos sentimos cuidados y comprendidos.

Yo estoy por terminar dos carreras universitarias y ahora soy boxeadora profesional. Seguimos avanzando y transformando vidas porque, así como mi historia, tenemos muchas nuevas historias por contar y por cambiar.

Me veo en 10 años como campeona de boxeo, estudiando una maestría, entrenando e inspirando a muchos más niños, niñas y jóvenes en el mundo para que sigan soñando. Para que se conviertan en luchadores, como yo.
A otros jóvenes que hoy se sienten perdidos y sin esperanza, les prometo que no están solos, y que siempre encontrarán alguien dispuesto a apoyar sus sueños. Solo hay que seguir buscando.

Recuerden que, si trabajan con coraje, rebeldía, disciplina y humildad, serán verdaderamente libres, podrán inspirar a los demás y lograrán brillar. Siempre brillar, como las estrellas.

Vamos por un round más. Nunca bajes la guardia. Levántate, sacúdete el polvo. Y sigue avanzando. Sigue luchando.

 


 

Procedentes de San Marcos, uno de los Departamentos más pobres de Guatemala, Jóvenes por el Cambio utiliza el deporte como una plataforma para estimular la participación comunitaria y la organización juvenil, especialmente de niñas y mujeres.

A través del boxeo, el arte y la reflexión colectiva, Jóvenes por el Cambio busca abordar la violencia de género y promover una migración digna y con derechos. ¡Conócelos y apóyalos!

La historia de Nancy es parte del Fondo Global para la Niñez Role Model Series, presentando jóvenes líderes que defienden los derechos de las niñas, niños y jóvenes en todo el mundo.

Primera foto: Jóvenes participando en una actividad de jardinería liderada por Jóvenes por el Cambio. © Jóvenes por el Cambio

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