Justicia de género, poder juvenil

“Queriendo cambiar el mundo, terminé cambiándome a mí misma.” – La historia de Veraly


Por Fondo Mundial para la Infancia

Nota del editor: esta publicación también está disponible en Español

Las clases de boxeo de Veraly le dieron una nueva visión a ella y a su comunidad. Esta es su historia en sus propias palabras.

Mi nombre es Veraly, tengo 15 años y soy del departamento de San Marcos, en Guatemala.

Vengo de una familia trabajadora, de agricultores. De pequeño, no teníamos lujos, pero mis padres me dieron algo más importante: me enseñaron a valorar el trabajo duro y el compromiso. Me enseñaron a amar la tierra, a ser humilde y a respetar a las personas sin importar su origen.

[image_caption caption=”Veraly sonriendo junto a sus compañeros de boxeo.” float=””]

Una de las cosas que más me gustaba de pequeña era acompañar a mis abuelos a la granja. Plantaban cacahuetes, tomates, zanahorias, manzanas… de todo. Se pasaban el día trabajando, de sol a sol. Gracias a ellos me di cuenta de que a veces las cosas que parecen más sencillas requieren mucho esfuerzo. Que la vida hay que ganársela. Porque estar vivo es un privilegio.

“Trabaja, ayuda a la gente y sé feliz”, solía decir siempre mi abuelo.

Fue ese año que decidí ser boxeadora. Pensé que era solo un deporte de hombres hasta que vi a mujeres practicando, gritando y peleando. Me fascinó.

Entonces le dije a mi familia que quería intentarlo y aunque estoy segura que pensaron que estaba loca, siempre me apoyaron.

Mi papá me contó que él también había boxeado de joven. Me dijo que es un deporte muy exigente, que requiere muchísimo compromiso, trabajo duro y disciplina. Y pensé: «Esto es para mí».

Quería conocer mi cuerpo, mejorarlo. Cultivarlo, como se cultiva la tierra.

En uno de los entrenamientos otros boxeadores jóvenes me hablaron de una organización llamada Jóvenes por el CambioMe explicaron que era para que los jóvenes se reunieran y conocieran mejor su comunidad y sus problemas. Para ver cómo nosotros, como jóvenes, podemos organizarnos y contribuir a resolverlos.

Lo más hermoso de todo es que, al querer cambiar a los demás, al querer cambiar el mundo, terminé cambiándome a mí mismo. Y cuanto más participaba en Jóvenes, más sentía cómo mi carácter cambiaba. Cómo perdía el miedo a hablar, a expresarme, a ser yo mismo. Aprendí a tener autoestima y a encontrar fuerza en el trabajo colectivo.

Boxeamos y, a la vez, hablamos de equidad de género. Que hombres y mujeres somos iguales y que podemos hacer y ser lo que queramos. Que el cuerpo de una mujer no le pertenece a nadie más que a ella misma. Y que debe defenderse si es necesario. Porque siempre tenemos que defender lo que somos.

El boxeo me dio disciplina, y Jóvenes Por El Cambio me dio consciencia. Ambos me dieron coraje y el deseo de ser mejor cada día.

[image_caption caption=”Veraly posando con un estudiante más joven.” float=””]

Y comprendí que las personas son muy diferentes, pero eso es bueno, y que a pesar de nuestras diferencias podemos estar de acuerdo y mejorar nuestra comunidad. Aprendí que la gente de Guatemala lo deja todo atrás y arriesga mucho para tener una vida mejor, porque a menudo no tienen oportunidades aquí, porque son discriminados, porque se sienten solos. Y no quiero que se sientan solos.

Así que en Jóvenes hacemos un poco de todo: realizamos talleres en escuelas, realizamos obras de teatro, creamos campañas de recolección de basura y concientización sobre la contaminación, brindamos becas a jóvenes, organizamos eventos públicos como muestras de fotografía sobre migración, interactuamos y dialogamos con las autoridades, etc. Todo para seguir transformando nuestra comunidad y transformándonos a nosotros mismos, para que la gente migre por placer y por amor, no por miedo o por necesidad.

Queremos cambiar lo que sucede en nuestra familia, en nuestra comunidad, en nuestro país. Queremos escuchar y ser escuchados. Queremos conocer otras organizaciones y otros sueños. También necesitamos sentir que no estamos solos.

Queremos que nos conozcan y nos apoyen. A menudo dicen que los jóvenes somos apáticos, que somos delincuentes, que no nos importa nada. Pero no es cierto. Los jóvenes necesitan ser escuchados. Tenemos mucho que aprender, pero también mucho que enseñar.

Les digo a los jóvenes que se organicen, que luchen, que no se desanimen ante las dificultades. Que el esfuerzo vale la pena y que si nos organizamos, podemos lograr cosas increíbles. Y que, aunque a veces no lo parezca, siempre hay alguien dispuesto a escuchar. Siempre hay una luz, incluso en medio de la mayor oscuridad.

Gracias a GFC y a las organizaciones con las que colaboramos, por hacernos sentir que no estamos solos. Por ayudarnos a cambiar. Gracias, muchísimas gracias por estar ahí. Y por su luz.



Ubicado en San Marcos, uno de los departamentos más pobres de Guatemala, Jóvenes por el Cambio Utiliza el deporte como plataforma para estimular la participación comunitaria y la organización de jóvenes, especialmente mujeres. Además de participar en el programa deportivo de Jóvenes, Veraly ahora ayuda a la organización a impartir talleres de boxeo con niños y jóvenes.

A través del boxeo, el arte y la reflexión colectiva, buscan combatir la violencia de género y promover una migración digna y con derechos. ¡Conózcanlas y apóyenlas!

La historia de Veraly es parte de la serie Modelos a Seguir del Fondo Mundial para la Infancia, que presenta a jóvenes inspiradores que defienden los derechos de los niños en todo el mundo. 

 

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