Justicia de género, poder juvenil

El dolor como mecanismo de lucha y resistencia.


Por Fondo Mundial para la Infancia

Esta publicación está escrita conjuntamente por el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova e Iniciativas para el Desarrollo Humano, dos organizaciones sociales de GFC. Las dos luchan por los derechos de los migrantes en Chiapas, México y participan en el encuentro Géneros, Infancias y Juventudes en Movimiento en Tijuana. Su reflexión está disponible en ingles.

Durante el encuentro de Géneros, Infancias y Juventudes en Movimiento realizado en Tijuana, donde nos concentramos con más de 75 organizaciones para reflexionar sobre la niñez, lo vivido nos motiva a reflexionar sobre el dolor, que es un sentimiento que durante el proceso de cuidado de acompañamiento se transforma en una resignificación en la vida.

La importancia de acompañar sus sentimientos en sus distintos matices se convierte en un tema de dignidad, de cuidado, de amor, de seguridad y de lucha.

[image_caption caption=”Foto del muro en la frontera de EE.UU. y México. © Jeff Valenzuela” float=””]

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En un primer instante, el dolor resulta ser una sensación incómoda. No obstante, cuando ese dolor es sentido por la niñez, y ellas y ellos nos eligen para transformar ese dolor en digna rabia y en búsqueda de justicia, nos coloca a nosotros y nosotras en una posición de privilegio y de responsabilidad de caminar con su dignidad. completa, y dar un acompañamiento desde ahí y no de la lástima o el lamento.

A diario, en los acompañamientos que realizamos en sus distintas formas y matices, hallamos el dolor, en sus historias que nos narran momentos difíciles, nos lleva a nosotras y nosotros los que acompañamos, a un valor ético que se desglosa en escucha activa, comprensión. , empatía e imaginarnos con la niñez para iniciar posibles formas que den esperanza.

[image_caption caption=”Un grupo de panelistas hablando en el refugio de Espacio Migrante en Tijuana, México. © Jeff Valenzuela” float=””]

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La resignificación no implica que el dolor desaparezca, al contrario, regresa cuando es necesario, da fuerza para seguir e impulsa a tomar acción, pero, un exceso de dolor o una exposición sin descanso, puede traer consigo un bloqueo emocional, una pérdida de sentido. o la normalización, el creer que las cosas son así y no cambiarán y por eso no hay que hacer nada.

Acompañarse al acompañar, ser acompañado, acompañarnos entre nosotras nos permite abrazarnos, cuidarnos y fortalecernos; la reflexión durante el encuentro no fue por pura casualidad ya que todas las presentes lo identificamos, lo reconocemos y viajamos con esas historias de dolor porque las escuchamos y las imaginamos, pero también hemos logrado acompañarlas en ese proceso de transformación y resignificación, ese dolor transformado. y resignificado es el motivador para seguir encontrándonos y acompañándonos, contarnos testimonios de resiliencia y de reconstrucción.

¡Acompañarnos desde el amor, los afectos, felicidad y cuidado transforma el dolor en digna rabia y en fuego para seguir luchando!

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